Recordar para olvidar

Daniel Lezama

Durante una de las jornadas de reflexión ¿Algo que celebrar?  Ignacio Padilla y Jaime Septién hablaron de la Conmemoración -que no Celebración– del Bicentenario como algo extraño, dificil de abarcar, de apropiar y por lo tanto, difícil de conmemorar.


En un juego de reflexiones  del recuerdo y del olvido, los argumentos siguieron más o menos el siguiente órden: no podemos conmemorar la Independencia de manera cómoda porque no la hemos superado. ¿Por qué no la hemos superado? Porque no la hemos olvidado y  ¿por qué no la hemos olvidado? porque como colectividad, no la hemos recordado (recordado de una manera significativa, apropiadora; sólo tenemos la historia oficial, dicen que es poco subjetiva, demasiado detallada, poco vinculante y mucho politizada, tiesa, hasta inventada, dicen).

Entonces, ¿qué hacer? Olvidar. ¿Cómo? Recordando. ¿Cómo olvidamos y recordamos?

Aquí la propuesta muy resumida, parafraseada y aumentada:

Si no recordamos, como una colectividad, todo eso que fue el delirio de la Guerra de la Independencia, echemos mano del arte -como una representación absolutamente subjetiva, pero sin embargo, universalizante de un hecho, de los hechos. Acerquémonos al arte (literatura, pintura, música…) para tener una idea más cercana (personal) ,  para , a través de ella, contarnos una historia que podamos recordar y olvidar.

Pero, existen pocos registros artísticos de esa época, pocos populares, pocos conocidos (comparándolo sobre todo con la Revolución, por ejemplo, de la cual hay novelas, un montón de propuestas plásticas, música y demás). No importa.

El arte, aún lejos del momento histórico, podría representar un ejercicio colectivo para aproximarse a la realidad de una época (tanto de quienes lo producen como de quienes lo admiran). A pesar de la parcialidad, ver un periódo de tiempo desde lejos y de varias formas -las formas que propone el arte- puede resultar en un panorama más claro y general, es decir, en una maqueta de lo pasó. Así, la realidad se ve más clara y es más sencilo reconocerla, abarcarla y recordarla – y luego, olvidarla.

Hasta aquí el recuento de la charla de ayer.

Al mismo tiempo,  la portada de Letras Libres, en septiembre, muestra a un Migual Hidalgo pintado; no el retrato normal, el de monografía que todos recordamos, sino un retrato mandado a hacer especialmente para la portada de esta edición a uno de los pintores mexicanos más reconocidos en estas épocas en el país: Daniel Lezama (una de sus pinturas puede verse en el Museo Regional, en la Sala Querétaro en la historia de México).

Lezama retrata alegorías fantásticas de la realidad (de la suya, pero también de la mexicana). En sus cuadros hay Benitos Juárez viviendo un cuento de hadas, personajes que representan a la patria, signos, historias: toda una realidad.

¿Es esta la propuesta de Ignacio Padilla?

Por lo pronto, acerquémonos, individualmente al arte (actual o anterior) que retrata la historia de nuestro país para encontrar realidades subjetivas que por ello, nos permitan abarcar mejor la realidad y entonces, conmemorar.

Una respuesta a “Recordar para olvidar

  1. Tristemente una gran mayoría de la población está suemrgida en una mercadotecnia “Bicentenaria”… sin ser concientes de lo que la conmemoración representa… en fin el artículo está muuuy buenooo… FELICIDADES!!!!

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